Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
consejería niñez y adolescencia
Sala de Prensa

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Encuentro Internacional de Formación de Lectores en la Primera Infancia

Bogotá, 20 de marzo de 2012

 “Mario Vargas Llosa comenzó su discurso de aceptación del Premio Nobel contando que aprendió a leer a los cinco años en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de La Salle de Cochabamba, Bolivia.

Según este gran escritor, aprender a leer fue la cosa más importante que le pasó en la vida.

Y dijo algo más, que quisiera citar textualmente:

‘Casi setenta años después, recuerdo con nitidez cómo esa magia –traducir las palabras de los libros en imágenes– enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio (…) La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño, y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura’.

¡Qué razón tiene Vargas Llosa! La lectura es una puerta a los sueños y una ventana al universo.

Yo también podría decir –y estoy seguro de que también muchos de los aquí presentes– que la experiencia de la lectura es una de las cosas más maravillosas que me han ocurrido.

Y el amor a la lectura no lo adquirí leyendo sino –como casi todos los niños– escuchando.

Porque antes de aprender a leer, mis padres ya me leían y, a través de sus voces queridas, pude viajar por mundos de fantasía y aprender lecciones y valores que aún llevo conmigo.

Porque leer es mucho más que descodificar e identificar letras.

Se comienza a leer desde muy pequeño, y no sólo se leen libros, sino también imágenes, voces y objetos del entorno que el niño comienza a incorporar en su mente.

Los niños se sienten arrullados, cobijados, por la voz de un adulto que les lee al pie de su cuna o de su cama, y por eso leer a un niño es –sobre todo– un acto de amor, un vínculo entre el lector y su pequeño oyente que transmite seguridad, protección y afecto.

Hoy sabemos que leer a los niños desde los años más tempranos evita una infinidad de problemas de lectura en el futuro, y proporciona habilidades para concentrarse y relajarse.

Por el contrario, aquellos niños a los que NO se les habla, canta o lee con regularidad desde la más tierna infancia, tienen muchas más dificultades en la escuela –en especial para aprender a leer– y terminan viendo en la lectura un obstáculo en lugar de lo que es: un inmenso placer.

Los problemas de lectura son difíciles de solucionar pero fáciles de prevenir, y la prevención tiene lugar, precisamente, desde antes de que el niño comience a ir a la escuela.

Conscientes de esto, conscientes de la importancia de generar habilidades que forjen futuros lectores, hemos incluido el tema de la lectura como uno de los componentes prioritarios de nuestra Estrategia de Atención Integral a la Primera Infancia ‘De Cero a Siempre’.

¡Qué bueno saber que el día de hoy, con la bienvenida presencia de expertos internacionales, vamos a dedicarlo a reflexionar sobre la importancia de la lectura en la primera infancia!

Quiero agradecer muy especialmente a la Fundación Santillana para Iberoamérica, con el entusiasmo de siempre del Presidente, nuestro querido Belisario Betancur –un enamorado y promotor de los libros como pocos–; a la Alta Consejería Presidencial para Programas Especiales, y a mi señora María Clemencia, por organizar este oportunísimo encuentro.

Hoy, dentro de la Estrategia ‘De Cero a Siempre’, damos un impulso académico y formativo para promover, desde los primeros años de vida, más y mejores lectores en nuestro país.

Porque tenemos algo muy claro: la lectura es la herramienta cultural más eficaz para buscar la equidad.

Un buen lector tiene acceso a un conjunto casi infinito de bienes culturales y puede participar en la producción y disfrute de las inmensas riquezas intelectuales y artísticas de nuestra humanidad.

Pero a leer –a querer la lectura, sobre todo– no se aprende con tareas y asignaciones obligatorias.

Bien escribió García Márquez, en su Manual para ser Niño , lo siguiente:

‘Por todas partes me encuentro con profesionales escaldados por los libros que les obligaron a leer en el colegio con el mismo placer con que se tomaban el aceite de ricino. (…) Es este método de enseñanza –y no tanto la televisión y los malos libros– lo que está acabando con el hábito de lectura’.

Si los libros son un placer, hay que enseñar la lectura de la misma forma: como un placer y no una obligación, y los primeros que podemos y debemos hacerlo somos nosotros, los padres; los padres de familia.

Los buenos lectores se forman leyendo por placer y, como el periodo en que se fijan estos hábitos es en la infancia, hemos focalizado los esfuerzos del Gobierno en la promoción de la lectura desde los primeros años.

Los ministerios de Educación y de Cultura han puesto en marcha el Plan Nacional ‘Leer es mi Cuento’ con el que buscamos duplicar los índices de lectura en el país, pasando de 1,6 a 3,2 libros leídos en promedio por habitante al año, que sigo siendo muy bajo para los estándares internacionales.

Una de las tareas más apremiantes es poner los libros al alcance de la comunidad en bibliotecas públicas, bibliotecas escolares y otros lugares donde se facilite su consulta y su préstamo.

En las primeras fases del programa nos estamos enfocando en los niños de menor edad, y por eso estamos entregando colecciones apropiadas para ellos en los centros de atención temprana a la infancia y los hogares de bienestar familiar.

La Unesco aconseja tener por lo menos dos libros por habitante en bibliotecas públicas, y en Colombia tenemos un libro por cada seis habitantes.

Una tarea que nos hemos propuesto para el corto plazo es llegar a tener un libro por cada niño en las bibliotecas públicas y otros espacios públicos de acceso a libros.

Esto significa que debe duplicarse el número de libros que conforman la dotación actual del sistema.

Para lograr estas metas se requiere del trabajo conjunto del Gobierno nacional y los gobiernos regionales, y es necesario aplicar –como lo estamos haciendo- mecanismos de compra eficientes que garanticen la calidad de los libros a precios razonables.

Hasta el momento se han comprado cerca de 530 mil libros para niños de 0 a 6 años, que están siendo entregados –en colecciones de 104 títulos– a más de 1.300 bibliotecas públicas y a más de 1.300 Centros de Atención Integral Temprana Integrados de Primera Infancia.

También estamos entregando colecciones de 11 títulos a cada uno de los más de 23 mil hogares comunitarios del Instituto de Bienestar Familiar.

Adicionalmente, se imprimieron cerca de 600 mil ejemplares del libro Leer es mi cuento, de los cuales cerca de la mitad se distribuyeron con periódicos y revistas culturales en diciembre pasado, y más de 300 mil se entregarán el próximo mes a las familias de la Red Unidos del país.

En total, en el 2011 se produjeron un millón 120 mil libros para primera infancia, en tanto que este año se producirán un millón 420 mil.

Hemos triplicado las inversiones en lectura para la primera infancia, y hoy puedo garantizarles que éstas se mantendrán durante los años de nuestro gobierno.

Porque queremos que todos los niños de Colombia –como nosotros, que tuvimos esa inmensa fortuna– tengan la posibilidad de acercarse, desde su más temprana edad, al maravilloso mundo de los libros.

Más y mejores lectores desde la infancia es una de las fórmulas más sencillas y más efectivas para cerrar las brechas en nuestro país.

La Estrategia ‘De Cero a Siempre’ busca, con este encuentro, dar a conocer lo que estamos haciendo en el Gobierno en esta materia, y que escuchemos y aprendamos de los invitados que vienen a compartir sus experiencias y sus resultados.

Desde el Gobierno nacional vamos a continuar apoyando las iniciativas para la primera infancia, fortaleciendo programas que incentiven el pensamiento creativo y articulando los esfuerzos de las diversas entidades hasta que cada niño –en todos los rincones del país– reciba una atención integral de calidad.

Hasta que cada niño tenga la posibilidad de formarse como lector y pueda decir, con convicción, que ‘leer es su cuento’.

Permítanme terminar estas palabras retomando a nuestro querido Gabo –cuyo cumpleaños número 85 celebramos en este mes de marzo–, y al texto con el que prologó el informe de la llamada ‘Comisión de Sabios’ que hace 18 años reflexionó sobre la educación, la ciencia y el desarrollo.

Así concluye García Márquez su texto, y yo –con él– este discurso:

‘Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro.

‘Una educación, desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma.

‘Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética –y tal vez una estética– para nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal.

‘Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas.

‘Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía.

‘Por el país próspero y justo que soñamos: AL ALCANCE DE LOS NIÑOS’.

Muchas gracias”.

 
Bookmark and Share